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EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA de ARTURO PÉREZ-REVERTE

EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA de ARTURO PÉREZ-REVERTE

    Arturo Pérez-Reverte
    El Tango de la Guardia Vieja
    ALFAGUARA
    498 PÁGINAS
    21,00 EUROS

 

    ENRIQUE TURPIN

 

    LAS NIEVES DEL TIEMPO

 

    La buena elección de un epígrafe puede convertirse para el lector en la puerta de entrada a un mundo de anhelos y desvelos, de sorpresas, afanes compartidos y placeres que llegan a traspasar las páginas de algunos relatos. Arturo Pérez-Reverte elige para su última novela al Conrad de Entre mareas, y ya no hay vuelta atrás. Uno quiere entonces saber, ser testigo de la fiesta que promete la cita que encabeza El tango de la Guardia Vieja: “Y sin embargo, una mujer como usted y un hombre como yo no coinciden a menudo sobre la tierra”. No puede contarse más en menos espacio. El decoro obliga a no añadir mucho a una historia en la que el azar que empareja a los protagonistas hará que coincidan en tres ocasiones en el mundo.
    Veinte años le ha costado al autor de La Reina del Sur atreverse con las andanzas de Mecha Inzunza y Max Costa, más por honestidad personal que por incapacidad profesional. Lo que cuenta este tango novelesco es la relación intermitente de una pareja de amantes a lo largo de tres momentos decisivos del siglo XX: el Buenos Aires de 1928, la Riviera francesa de 1937 y el Sorrento de 1966; o lo que es lo mismo, un viaje a bordo del transatlántico de lujo Cap Polonio, un asunto de espionaje y una partida de ajedrez. Pisar sobre seguro y entender el abismo pasional de los protagonistas en la edad del descreimiento y el cinismo, y sin embargo, atisbar esperanzas cuando parece que todo en la vida está finiquitado, es lo que consigue el escritor para regocijo de la literatura. Es la madurez la que otorga sentido a las andanzas del bailarín ejemplar y codicioso de bienes ajenos Max Costa, en quien se focaliza la acción del relato, cuya estructura milimétrica no para de dar saltos en el tiempo. “Los hombres dudan, recuerdan y mueren”, dice el propio Max en un pasaje de la historia. Pero la certeza que trae consigo la sentencia no supondrá la claudicación a la que parecía abocado el personaje. La existencia depara sorpresas, y una de ellas pondrá en órbita todo lo bueno que hubo de acumular la vida para momentos como los que están a punto de vivir Mecha y Max, en un instante en el que el brillo de sus ojos es más un asunto de incontención de humores que de viveza en la mirada. Los pesares de la madurez, vista aquí con la melancolía de lo que se fue y con la perspectiva crepuscular que conlleva cumplir años, no tendrán señorío.
    Como la muerte para Dylan Thomas, también El tango de la Guardia Vieja se deja leer como una apuesta por la esperanza. Es cierto que ya en 1966 se había desvanecido cierto modo de transitar por la vida —“con sable y con caballo”—, pero hay asuntos que trascienden el tiempo y que ennoblecen los días de quienes mantienen la firmeza en sus convicciones sin sentir propensión a la vileza. El relato se convierte así en un manifiesto en defensa de la dignidad, sobre el influjo del amor y la perseverancia en la lucha por los sueños, a pesar de tantas ilusiones perdidas. La metáfora de la sombra extraviada y, finalmente, recuperada es también la imagen de toda una estirpe de personajes que han venido poblando las fábulas de Arturo Pérez-Reverte —el valeroso Húsar, el esgrimista Astarloa, Teresa Mendoza…—, dueños de sus destinos por imposición vital.
    Queda el tango: “Por el baile suele la doncella resbalar”, reza el refrán que muchas madres argentinas todavía deben convocar cuando asisten a los enajenamientos que el tango provoca en la descompostura de las hijas. El tango de la Guardia Vieja no admite jovialidades más allá de la música: cuando se baila no se compadrea, si acaso se dramatiza la pasión que vislumbra la imaginativa de los danzantes, pero siempre de un modo ceremonial y serio, nada de desarticulaciones festivas. Los peligros ya los dejó entrever un adelantado Proust en A la sombra de las muchachas en flor, cuando el narrador hablaba de aquellas mozuelas mal educadas que tanto irritaban a las familias de buena cuna. Tango a vida o muerte, lucha de contrarios para acabar siendo uno, uno y su sombra, uno y su amor, Mecha y Max. Eros, vida, deseo y aventura, todo ello contado de la mejor forma posible.

 

LA NUEVA TAXIDERMIA de MERCEDES CEBRIÁN


Mercedes Cebrián
La nueva taxidermia
MONDADORI
160 PÁGINAS
15,90 EUROS

    ENRIQUE TURPIN


    En la prosa de Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) existe una suerte de armonía extraña, como si se intuyese que el acto de escritura hubiera de justificarse con una tesis que, finalmente, no aparece en ningún recodo del relato. Lo extraño es que no surja esa tesis cuando tenía todos los números de hacerlo; lo armónico es que la historia funcione pese a la sensación de necesitar esa explicación ulterior. Por fortuna, las dos nouvelles que contiene La nueva taxidermia obran el prodigio de crear un mundo autónomo que concierne a cuanto lector se acerca a sus páginas, pues existe en ellas el magnetismo de los relatos bien trabados y mejor resueltos. Todo en ellas es curioso y peligroso a un tiempo, algo así como si se entrara de puntillas en el gabinete de un embalsamador y se estuviera a un pelo de volcar frascos y afeites mientras se contempla la maravillosa ficción de la vida inanimada. Si se habla de tesis es porque en ambas historias surge un discurso próximo al ensayo, conscie nte y revelador, con narradores que tratan de mostrar conclusiones sobre actos que son ciertamente inquietantes.
    El primer relato se concibe como un viaje hacia el pasado a partir de la reconstrucción con fidelidad extrema de espacios que fueron significativos en la vida de la protagonista. Como pudiera hacer Jonás con el vientre de la ballena, la narradora de “Qué inmortal he sido” rehace una antigua fiesta en todos sus detalles. Pero el pasado se obstina en no volver, así que esta nueva Pierre Menard del interiorismo se sirve de la estrategia borgiana para exorcizar los demonios que afligen su biografía. La segunda nouvelle, “Voz de dar malas noticias”, funciona con la misma eficacia con la que Wilson, el personaje irredento de Daniel Clowes, se saca de encima a los ingenuos que se acercan a su perra Pepper: imposta una voz en falsete y los intimida. También la narradora Belinda se sirve de unas marionetas como intermediarias de lo que ella es y no es capaz de expresar por sí misma. Con tres sosias para otras tantas ocasiones, siente que su vida sólo merece la pena expresarla desde es a interposición que acabará en sorpresa. Así, Cebrián no sólo disecciona las patologías de la vida contemporánea, sino que logra que surja su nombre a la primera cuando se trata de recomendar obras perennes a los amigos.