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Mercedes Cebrián La nueva taxidermia MONDADORI 160 PÁGINAS 15,90 EUROS
ENRIQUE TURPIN En la prosa de Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) existe una suerte de armonía extraña, como si se intuyese que el acto de escritura hubiera de justificarse con una tesis que, finalmente, no aparece en ningún recodo del relato. Lo extraño es que no surja esa tesis cuando tenía todos los números de hacerlo; lo armónico es que la historia funcione pese a la sensación de necesitar esa explicación ulterior. Por fortuna, las dos nouvelles que contiene La nueva taxidermia obran el prodigio de crear un mundo autónomo que concierne a cuanto lector se acerca a sus páginas, pues existe en ellas el magnetismo de los relatos bien trabados y mejor resueltos. Todo en ellas es curioso y peligroso a un tiempo, algo así como si se entrara de puntillas en el gabinete de un embalsamador y se estuviera a un pelo de volcar frascos y afeites mientras se contempla la maravillosa ficción de la vida inanimada. Si se habla de tesis es porque en ambas historias surge un discurso próximo al ensayo, conscie nte y revelador, con narradores que tratan de mostrar conclusiones sobre actos que son ciertamente inquietantes. El primer relato se concibe como un viaje hacia el pasado a partir de la reconstrucción con fidelidad extrema de espacios que fueron significativos en la vida de la protagonista. Como pudiera hacer Jonás con el vientre de la ballena, la narradora de “Qué inmortal he sido” rehace una antigua fiesta en todos sus detalles. Pero el pasado se obstina en no volver, así que esta nueva Pierre Menard del interiorismo se sirve de la estrategia borgiana para exorcizar los demonios que afligen su biografía. La segunda nouvelle, “Voz de dar malas noticias”, funciona con la misma eficacia con la que Wilson, el personaje irredento de Daniel Clowes, se saca de encima a los ingenuos que se acercan a su perra Pepper: imposta una voz en falsete y los intimida. También la narradora Belinda se sirve de unas marionetas como intermediarias de lo que ella es y no es capaz de expresar por sí misma. Con tres sosias para otras tantas ocasiones, siente que su vida sólo merece la pena expresarla desde es a interposición que acabará en sorpresa. Así, Cebrián no sólo disecciona las patologías de la vida contemporánea, sino que logra que surja su nombre a la primera cuando se trata de recomendar obras perennes a los amigos.
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