Zona d'usuari
0llibres
0,00 €
Recerca avançada

Les vostres crítiques

LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO de JULIO LLAMAZARES

LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO de JULIO LLAMAZARES

Lo que más pudiera aproximarse al estado en el que sume al lector la última novela de Julio Llamazares (Vegamián, 1955) cuenta también con lo escrito, pero lleva el añadido de la música. Una de las composiciones ‘raras e inéditas’ de las Bootleg Series que viene editando Bob Dylan en los últimos años se convierte en una plegaria que acaba transitando en esencia por las páginas de Las lágrimas de San Lorenzo: “For his age, he’s wise / He’s got his mother’s eyes / There’s gladness in his heart / He’s young and he’s wild / My only prayer is, if I can’t be there / Lord, protect my child” (Lord Protect My Child, 1983). Durante la noche veraniega en la que mejor puede observarse la lluvia de estrellas que da nombre a la quinta novela del escritor leonés, un padre y su hijo se tumban bajo el cielo de Ibiza a contemplar la maravilla. Una tras otra van cayendo las estrellas, y los rastros que dejan se convierten en sendas que conducen directamente a la memoria de tiempos y lugares remotos, vivos aún en los recuerdos de los protagonistas.

Se trata de una novela que recupera la atmósfera melancólica de La lluvia amarilla (1988), de la que ahora se cumplen veinticinco años desde su aparición; pero habrá que retroceder una década todavía y recordar que todo estaba ya en la poesía de La lentitud de los bueyes (1979).

Hay en la voz del profesor universitario algo de rolling stone, de canto rodado que, pese a la errabundia de sus días pasados, reconoce un lugar que bien podría llamarse paraíso: la Ibiza de finales del franquismo. Allí llegó el narrador con 22 años, tras sus estudios universitarios en Bilbao. De inmediato, quien ahora es un profesor de literatura cincuentón descubrió la libertad mayúscula, que venía acompañada de olor a tomillo, agua cristalina y canto de grillos. Los mismos aromas y sensaciones que pudieron tener Catulo, Homero o Celan, tan presentes aquí como los versos de Dylan. Y es que ese adolescente que pasa la noche tumbado junto a su padre empieza a entender que eso de la vida va en serio, que cabe en ella el perdón y también el arrepentimiento. Estrella a estrella, vida a vida, el relato del padre toma forma, pero es inasible como la propia existencia, tan fugaz como lo son los astros que caen en esa noche de reconciliación, amor y ruegos. Que se haga infinita esa noche, que no termine nunca, que no nos cansemos esta vez de ser felices, viene a pensar el padre en su monólogo, mientras siente el calor vital que desprende la piel todavía sin curtir del hijo amado.

Canto a lo verdadero, a lo que en realidad debería quitarnos el sueño, Las lágrima de San Lorenzo devuelve al mejor Llamazares. Prosa transparente, esencial, que lleva consigo un mensaje de futuro. Como el chico de la canción de Dylan, “There’s gladness in his heart / He’s young and he’s wild.” Ese es Pedro, ese fue su padre, y también su abuelo. No habrá que olvidarlo.

Enrique Turpin

 

LA MUJER DE SOMBRA de LUISGÉ MARTÍN

LA MUJER DE SOMBRA de LUISGÉ MARTÍN

Luisgé Martín

La mujer de sombra

ANAGRAMA

232 PÁGINAS

16,90 EUROS

 

A siglo y medio de la salida al mundo de Las flores del mal, Charles Baudelaire se propone como lúcido exegeta del tiempo que nos ocupa. Si es verdad que como decía el poeta “las gracias del horror sólo embriagan al fuerte”, la lectura de La mujer de sombra espejea la disonancia del verso en todas sus páginas y obliga a duros ejercicios de apnea que —no se ponga en duda— ofrecen una recompensa duradera y devuelven al valeroso a la superficie todavía más fortalecido.  

Con su quinta novela, Luisgé Martín propone un relato que se sumerge en los dominios del Mal, así, en mayúscula. Pero es al mismo tiempo una historia sobre los límites de lo que puede o no ser perdonado, donde los márgenes estrictos de los universales éticos se muestran en disolución y las convicciones más sólidas se viven con recelo. Eso es al menos lo que le ocurre a Eusebio, el amigo virtuoso del recientemente fallecido Guillermo. Antes de morir, este último le confiesa que mantiene relaciones sadomasoquistas con una mujer misteriosa. A partir de esa circunstancia se inicia el salto al vacío del protagonista, ocioso por su condición de heredero opulento. Tratará entonces de conjugar las satisfacciones que otorga la virtud con el coqueteo con las zonas de oscuridad que permanecían ocultas en los pliegues ponzoñosos de su ser.

Son muchas las sombras que se ciernen sobre los episodios de la novela, y a menudo los claroscuros se disipan para dejar pasar una luz casi epifánica. Por el contrario, hay situaciones que arrastran a los personajes a ciénagas lúgubres en las que parece que no haya salida posible. Los secretos inconfesables, la búsqueda de la verdad, estudios inquietantes sobre la capacidad de ensoñación de la mente. El resultado es una novela que encuentra en la maestría formal, en la adjetivación certera, en el uso elocuente de la elipsis, todo ello unido al acomodo a estrategias detectivescas inusuales, un modo inesperado de afrontar los paseos por el filo del abismo. La alambicada esencia resultante no es más que la respuesta a quiénes somos o a quiénes creíamos que éramos. El haz y el envés de la condición humana. Al fin, Martín hace de su historia un compendio de emociones encontradas que obligan a repensar el concepto de felicidad, al menos esa que refresca el infierno que arde en el corazón, como diría el poeta maldito.

Enrique Turpin

MAR DE PIRAÑAS. NUEVAS VOCES DEL MICRORRELATO ESPAÑOL de FERNANDO VALLS (ed. )

MAR DE PIRAÑAS. NUEVAS VOCES DEL MICRORRELATO ESPAÑOL de FERNANDO VALLS (ed. )

Fernando Valls (ed.)

Mar de Pirañas. Nuevas voces del microrrelato español

MENOSCUARTO

342 PÁGINAS

22 EUROS

 

MÁS POR MENOS

 

La llegada del siglo XXI ha traído consigo, entre otras novedades, cierto descrédito de la ciencia-ficción ortodoxa (la de los coches voladores y los humanos socorridos por robots) y el auge de la minificción, especialmente en el ámbito hispánico. Cuando las obras de prolongación de una línea del Metro se convierten en un asunto de años, y Twitter y los SMS encuentran un espacio natural donde asentarse, es lógico que sucedan esas cosas. Para ser honestos, la narrativa brevísima no es asunto exclusivamente contemporáneo. La historia de la literatura es rica en ejemplos en los que la intensidad se une a lo conciso, lo preciso y lo narrativo para dar piezas memorables, no sólo antológicas sino asequibles al recuerdo íntegro. Las fuentes que nutrieron los primeros relatos peninsulares dieron forma a compendios de historias de índole diversa en las que reinaba el humor, la fantasía, lo extraordinario o lo paradójico, también lo cotidiano envuelto de extrañeza, que siempre es una de las formas más productivas de incorporar lo sobrenatural a la realidad.

Pero es cierto que el siglo XXI ha dado pie a la fijación del género, tal vez el primero de todos ellos que ha sido repensado y analizado al tiempo que trataba de afianzarse en el territorio literario. Estudios, congresos, concursos, proyectos editoriales, bitácoras en Internet, otras tantas antologías… Todo ello ha hecho que se hayan tomado algunas decisiones que han propiciado la asimilación de toda una poética entorno al cuento brevísimo. Ya es momento de ponerle nombre: microrrelato. El término condensa las esencias indisociables y discriminatorias de su material genético frente a otros géneros narrativos afines.

Fernando Valls, antólogo, estudioso y valedor precoz del fenómeno hiperbreve, apostó desde sus inicios por el término que, finalmente, se ha impuesto a la hora de catalogar a este tipo de ficciones. Ahora presenta una selección de los nuevos nombres del microrrelato español. Los autores escogidos cultivan el género a conciencia y piden lectores avezados igualmente comprometidos con la novedad genérica. Todos los antologados (españoles nacidos a partir de 1960) tienen presente que sin conflicto no hay relato, algo tan indispensable para la buena salud del microrrelato como la aparición de este cuidado volumen.

 

EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA de ARTURO PÉREZ-REVERTE

EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA de ARTURO PÉREZ-REVERTE

    Arturo Pérez-Reverte
    El Tango de la Guardia Vieja
    ALFAGUARA
    498 PÁGINAS
    21,00 EUROS

 

    ENRIQUE TURPIN

 

    LAS NIEVES DEL TIEMPO

 

    La buena elección de un epígrafe puede convertirse para el lector en la puerta de entrada a un mundo de anhelos y desvelos, de sorpresas, afanes compartidos y placeres que llegan a traspasar las páginas de algunos relatos. Arturo Pérez-Reverte elige para su última novela al Conrad de Entre mareas, y ya no hay vuelta atrás. Uno quiere entonces saber, ser testigo de la fiesta que promete la cita que encabeza El tango de la Guardia Vieja: “Y sin embargo, una mujer como usted y un hombre como yo no coinciden a menudo sobre la tierra”. No puede contarse más en menos espacio. El decoro obliga a no añadir mucho a una historia en la que el azar que empareja a los protagonistas hará que coincidan en tres ocasiones en el mundo.
    Veinte años le ha costado al autor de La Reina del Sur atreverse con las andanzas de Mecha Inzunza y Max Costa, más por honestidad personal que por incapacidad profesional. Lo que cuenta este tango novelesco es la relación intermitente de una pareja de amantes a lo largo de tres momentos decisivos del siglo XX: el Buenos Aires de 1928, la Riviera francesa de 1937 y el Sorrento de 1966; o lo que es lo mismo, un viaje a bordo del transatlántico de lujo Cap Polonio, un asunto de espionaje y una partida de ajedrez. Pisar sobre seguro y entender el abismo pasional de los protagonistas en la edad del descreimiento y el cinismo, y sin embargo, atisbar esperanzas cuando parece que todo en la vida está finiquitado, es lo que consigue el escritor para regocijo de la literatura. Es la madurez la que otorga sentido a las andanzas del bailarín ejemplar y codicioso de bienes ajenos Max Costa, en quien se focaliza la acción del relato, cuya estructura milimétrica no para de dar saltos en el tiempo. “Los hombres dudan, recuerdan y mueren”, dice el propio Max en un pasaje de la historia. Pero la certeza que trae consigo la sentencia no supondrá la claudicación a la que parecía abocado el personaje. La existencia depara sorpresas, y una de ellas pondrá en órbita todo lo bueno que hubo de acumular la vida para momentos como los que están a punto de vivir Mecha y Max, en un instante en el que el brillo de sus ojos es más un asunto de incontención de humores que de viveza en la mirada. Los pesares de la madurez, vista aquí con la melancolía de lo que se fue y con la perspectiva crepuscular que conlleva cumplir años, no tendrán señorío.
    Como la muerte para Dylan Thomas, también El tango de la Guardia Vieja se deja leer como una apuesta por la esperanza. Es cierto que ya en 1966 se había desvanecido cierto modo de transitar por la vida —“con sable y con caballo”—, pero hay asuntos que trascienden el tiempo y que ennoblecen los días de quienes mantienen la firmeza en sus convicciones sin sentir propensión a la vileza. El relato se convierte así en un manifiesto en defensa de la dignidad, sobre el influjo del amor y la perseverancia en la lucha por los sueños, a pesar de tantas ilusiones perdidas. La metáfora de la sombra extraviada y, finalmente, recuperada es también la imagen de toda una estirpe de personajes que han venido poblando las fábulas de Arturo Pérez-Reverte —el valeroso Húsar, el esgrimista Astarloa, Teresa Mendoza…—, dueños de sus destinos por imposición vital.
    Queda el tango: “Por el baile suele la doncella resbalar”, reza el refrán que muchas madres argentinas todavía deben convocar cuando asisten a los enajenamientos que el tango provoca en la descompostura de las hijas. El tango de la Guardia Vieja no admite jovialidades más allá de la música: cuando se baila no se compadrea, si acaso se dramatiza la pasión que vislumbra la imaginativa de los danzantes, pero siempre de un modo ceremonial y serio, nada de desarticulaciones festivas. Los peligros ya los dejó entrever un adelantado Proust en A la sombra de las muchachas en flor, cuando el narrador hablaba de aquellas mozuelas mal educadas que tanto irritaban a las familias de buena cuna. Tango a vida o muerte, lucha de contrarios para acabar siendo uno, uno y su sombra, uno y su amor, Mecha y Max. Eros, vida, deseo y aventura, todo ello contado de la mejor forma posible.

 

LA NUEVA TAXIDERMIA de MERCEDES CEBRIÁN


Mercedes Cebrián
La nueva taxidermia
MONDADORI
160 PÁGINAS
15,90 EUROS

    ENRIQUE TURPIN


    En la prosa de Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) existe una suerte de armonía extraña, como si se intuyese que el acto de escritura hubiera de justificarse con una tesis que, finalmente, no aparece en ningún recodo del relato. Lo extraño es que no surja esa tesis cuando tenía todos los números de hacerlo; lo armónico es que la historia funcione pese a la sensación de necesitar esa explicación ulterior. Por fortuna, las dos nouvelles que contiene La nueva taxidermia obran el prodigio de crear un mundo autónomo que concierne a cuanto lector se acerca a sus páginas, pues existe en ellas el magnetismo de los relatos bien trabados y mejor resueltos. Todo en ellas es curioso y peligroso a un tiempo, algo así como si se entrara de puntillas en el gabinete de un embalsamador y se estuviera a un pelo de volcar frascos y afeites mientras se contempla la maravillosa ficción de la vida inanimada. Si se habla de tesis es porque en ambas historias surge un discurso próximo al ensayo, conscie nte y revelador, con narradores que tratan de mostrar conclusiones sobre actos que son ciertamente inquietantes.
    El primer relato se concibe como un viaje hacia el pasado a partir de la reconstrucción con fidelidad extrema de espacios que fueron significativos en la vida de la protagonista. Como pudiera hacer Jonás con el vientre de la ballena, la narradora de “Qué inmortal he sido” rehace una antigua fiesta en todos sus detalles. Pero el pasado se obstina en no volver, así que esta nueva Pierre Menard del interiorismo se sirve de la estrategia borgiana para exorcizar los demonios que afligen su biografía. La segunda nouvelle, “Voz de dar malas noticias”, funciona con la misma eficacia con la que Wilson, el personaje irredento de Daniel Clowes, se saca de encima a los ingenuos que se acercan a su perra Pepper: imposta una voz en falsete y los intimida. También la narradora Belinda se sirve de unas marionetas como intermediarias de lo que ella es y no es capaz de expresar por sí misma. Con tres sosias para otras tantas ocasiones, siente que su vida sólo merece la pena expresarla desde es a interposición que acabará en sorpresa. Así, Cebrián no sólo disecciona las patologías de la vida contemporánea, sino que logra que surja su nombre a la primera cuando se trata de recomendar obras perennes a los amigos.