Ellos creían que la conocían, pero se equivocaban. Como domme profesional, veo cómo hombres y mujeres vienen y van, pero ninguno se queda, y es así como me gusta. Tengo un secreto que debo proteger a toda costa. Por eso, cuando el engreído, guapo y sumiso Clay Bradley se cuela en mi corazón, hago lo único que se me da bien: echarlo de mi vida para siempre. Y, como el buen chico que es, me hace caso. Aunque meses después vuelve a aparecer de forma fortuita, pero en esta ocasión no viene solo: lleva del brazo a la impresionante Jade. Y ella me pide que yo le enseñe. Debería negarme. Entrenar a una mujer que consigue que me flaqueen las piernas ya es bastante complicado, pero encima esta mujer está saliendo con el hombre que todavía tiene mi corazón. Suena a desastre asegurado. Y todo empeora por una simple razón: ellos conocen mi secreto. ¿Cómo puedo proteger lo que es mío si sigo aferrándome a ellos Jade y Clay son los únicos que ven cómo soy en realidad y los únicos que saben que soy mucho más que Madame Kink.