El período de los Reinos Combatientes (aproximadamente 475-221 a.C.) fue la última etapa de la dinastía Zhou oriental, caracterizada por luchas feroces y constantes entre siete grandes Estados chinos. Esta era fue de una intensa consolidación y militarización, donde los reinos más pequeños fueron absorbidos por los más poderosos. Fue un tiempo de gran caos, pero también de notable innovación, con avances en táctica militar, administración estatal y filosofía (legismo, confucianismo, taoísmo). La guerra total se convirtió en la norma, con ejércitos masivos que se enfrentaban en batallas decisivas. Finalmente, el Estado de Qin, aprovechando sus reformas legistas y su poderío militar, emergió victorioso. Bajo el liderazgo del rey Zheng, Qin conquistó sistemáticamente todos los reinos rivales, unificando China por primera vez bajo un gobierno centralizado y proclamando la dinastía Qin en el 221 a. C., momento en el que Zheng se autoproclamó Qin Shi Huang, el Primer Emperador.