Hace cien años, en 1926, tres aviones españoles emprendieron una aventura inimaginable: cubrir, por etapas, la distancia que separa Madrid de Manila. El objetivo no era otro que demostrar que se podía hacer. La época se prestaba a estas exhibiciones y cada país intentaba culminar con éxito su proyecto particular.
Pocos creyeron que los aviadores españoles pudieran alcanzar con éxito una empresa que impricaba sobrevolar medio mundo. Sin embargo, el resultado de tan intrépida aventura resultó muy diferente.