A Józef Baran sus padres le prohibían leer, convencidos de que los libros lo volverían loco. Lo registraban antes de salir al campo con las vacas, así que escondía sus lecturas entre los sacos de trigo, de centeno y de pipas de girasol. A los seis años pastoreaba el ganado familiar y devoraba en secreto a Dumas, a Cervantes, a Conan Doyle; a los trece huyó a una escuela de minas de Silesia. De aquel niño campesino de Borzecin nació uno de los poetas más leídos y queridos de Polonia, autor de más de quince poemarios en cinco décadas de escritura ininterrumpida. El gran legado reúne veinte años de esa trayectoria, desde Danza con la tierra (2006) hasta los poemas inéditos de Luzdelser (2026), en edición bilingüe polaco-español. Artur Sandauer, el crítico más influyente de la Polonia de los setenta, lo bautizó como «el poeta de la gente corriente» por su capacidad de tender un puente entre la vanguardia y el lector común. Jaime Siles, en las páginas de ABC, lo comparó con Seamus Heaney por su arraigo a la tierra y escribió que en sus versos «la poesía más simple puede llegar a ser la más compleja». Cuando la N