En la narrativa del siglo XX, la enfermedad se vuelve somatización de conflictos afectivos, existenciales y políticos: cuerpos femeninos consumidos por matrimonios opresivos, personajes que buscan en el dolor físico un anestésico para la desesperación, protagonistas que reivindican la soberanía del cuerpo frente a los dispositivos médicos y patriarcales. A través de disciplinas diversas los ensayos convergen en un punto: la enfermedad es un lenguaje cultural que permite leer la historia latinoamericana, sus heridas y sus posibilidades de sanación. Tanto si se trata de epidemias coloniales, ceguera poética, cuerpos femeninos estigmatizados, como de traumas políticos o rituales ancestrales, cada texto muestra que la cura nunca es solo médica: es memoria, palabra, comunidad, arte y resistencia.