El 7 de julio de 2008, una mujer que paseaba con sus perros en una zona boscosa de la localidad navarra de Orondritz encontró el cuerpo sin vida de una joven envuelto en plásticos. La habían golpeado y tenía la cara ensangrentada. Al día siguiente se supo que era Nagore Laffage Casasola, de 20 años. José Diego Yllanes Vizcay, un médico de 27 años, le había propinado tal paliza que le rompió el cráneo y la mandíbula. Luego, la estranguló. Desde que fue detenido, siempre alegó que no recordaba lo ocurrido. Al emitir su veredicto, el jurado no apreció alevosía, a pesar de las lesiones, el estrangulamiento y que había intentado descuartizarla, y consideró que había sido un homicidio, por lo que fue condenado a doce años y seis meses de prisión, aunque obtuvo el tercer grado el 3 de julio de 2017.
La muerte violenta de Nagore y la decepción por la sentencia ayudó a visibilizar la violencia sexual contra las mujeres y ha hecho que Asun Casasola, su madre, se haya convertido en una activista social contra este tipo de violencia. Casasola se ha empeñado en que lo que le ocurrió a su hija no vuelva a ocurrirle a ninguna otra. Esa es su batalla ahora.
Por todas, no hay olvido.