El término japonés tsundoku pone nombre a una costumbre tan extendida como difícil de admitir: la de comprar libros para otro momento
que a veces no llega.
Hay libros que compramos con la seguridad de que no los leeremos enseguida, o que quizá no los leeremos nunca. Y, sin embargo, ahí están, apilados en la mesa de luz, en el escritorio, en el comedor. Son presencias silenciosas que acompañan, sin pedir nada a cambio. El término japonés tsundoku pone nombre a una costumbre tan extendida como difícil de admitir: la de comprar libros para otro momento
que a veces no llega. Más que una manía, tsundoku es una forma de vida. Es el placer de elegir un libro sin urgencia. Es vivir rodeados de historias posibles. Este libro que habla de libros, sí, pero también de deseo, memoria, identidad y tiempo propone una mirada sobre el acto de acumular lecturas. Una biblioteca desbordada puede ser un refugio, un mapa, un consuelo. Y cada tomo, incluso cerrado, una promesa.