Con la edición conjunta de los libros autobiográficos y memorial¡sticos de Emilio Garc¡a Riera (El cine es mejor que la vida y 70 años de ser yo) se pretende paliar un injustificable vac¡o entre nosotros, el que rodea a algunos miembros de la «segunda generación» del exilio, formada por aquellos que, de niños, acompañaron a sus padres en el obligado destierro republicano español. Puede que esta experiencia traumática, aleación de soledad, desarraigo y secretos, inclinara a muchos de ellos al cine. Esa importancia capital explicar¡a el trabajo abnegado y obsesivo del Garc¡a Riera historiador, su pasión por el dato y los hallazgos filmográficos de los miles de páginas que dedicó a la cinematograf¡a mexicana, pero sobre todo la manera en que, en el cinéfilo, esta pasión concreta puede convertirse en una forma de vida, estructuradora del pensamiento y la moral personal. Lo que siempre se alabó de su Historia documental del cine mexicano, la mezcla de rigor y agudeza, la ausencia de solemnidad y la manera profundamente divertida de contar los argumentos, comparece en estos recuentos vitales como placentera litera