Hace años, el autor y un amigo se introdujeron en la Amazonia peruana para conocer y descifrar los secretos de la masa de vegetación más extensa de este planeta. La Selva del Manu se convirtió en un refugio donde los protagonistas entablan relaciones con una serie de personajes, vecinos del tapir y el jaguar, conocedores de los ríos voladores y ausentes de esas madres que se convierten en pájaros. Pero más que una reseñable aventura, narrada aquí de forma brillante y muy bien documentada, encontraron el aviso de que un nuevo tiempo que estaba por venir y se nos ha echado encima. La búsqueda de los míticos petroglifos de Pusharo son la excusa para adentrarse en un reino vegetal desconocido y una aventura de otro tiempo en la que casi se dejan la vida. Aquella selva de alguna manera habló, y su mensaje es imprescindible leerlo, meditarlo y entenderlo ahora.