¡Qué calles cruzamos! Altas, sucias, pobladas en todos los pisos de esas casas de balcones que se derrumban; un hormiguero de tenduchos, de puestos al aire libre, de hombres y mujeres que compran, venden, discuten, gesticulan, se dan codazos. Los napolitanos son revoltosos, locos, entusiastas, sin equilibrio, entregados a la Naturaleza.