El filósofo francés nos insta a romper la tendencia a la autocompasión y al victimismo, algo que va contra el progreso que implica la modernidad, y que se acentúa en las nuevas generaciones. A la humanidad victoriosa de la modernidad le sucede hoy una sociedad victimista. La promesa de un mundo mejor, liberado del fatalismo y el fanatismo, que inspiró a la Ilustración y a la Revolución francesa, ha engendrado ciudadanos lastimeros y autocomplacientes. Bruckner afirma en este libro que la civilización actual identifica la grandeza con la preocupación por los humillados; en la otra cara de esta tendencia sitúa a la victimización como chantaje al prójimo y una obsesión patológica por el reconocimiento. Paradójicamente, el sufrimiento se erige como nuevo valor sagrado en el Occidente hedonista. El filósofo francés explica por qué todos, ricos y pobres, hombres y mujeres, hacen alarde de sus propios certificados de sufrimiento, que los elevan por encima de sus semejantes; y cómo, en detrimento de los verdaderamente desgraciados, «por un curioso vuelco, los felices y los poderosos también quieren pertenecer a la a