Y consiguió lo que se propuso. Circunstancias no previstas e involuntarias me llevaron a no tener sexo con mi pareja. El paso del tiempo y la no práctica sexual me hicieron tener sexo onírico. En casi un mes, tuve cuatro veces el mismo sueño con alguna variable; una niña observando a su padre cuando se duchaba. Empecé a escribir lo que soñé la primera vez dándole forma de narración, pero me estanqué. Con lo escrito, me hice un planteamiento más novelesco, a la niña la fui haciendo más mujer y con proyectos de futuro normales de una niña enamorada de su padre, para lo cual era necesario separar al matrimonio —sus padres— y dentro de lo erótico me pareció ideal la deriva sexual de la madre para dejar en escena a la hija y al padre solos con los proyectos que la hija se había marcado para el futuro: ser poseída por su padre, acabar la carrera de Psicología, servir de criada en una casa de gente pudiente y ser madre soltera. Y consiguió lo que se propuso.